Guerra Civil Española
Por Ramos Oliveira
La sublevación militar del 17 y 18 de julio de 1936 partió España en dos. Lo que los generales creían sería un pronunciamiento rápido se convirtió en una guerra prolongada, gracias a la resistencia popular y la intervención extranjera. Este análisis explora las causas, el desarrollo y las trágicas consecuencias del conflicto.
Inicio
17-18 Jul 1936
Final
1 Abr 1939
Predecesor
II República
Sucesor
Franquismo
Introducción: El Alzamiento
Los sublevados contaban con una lucha breve. La confusión y desorden que imperaban en el campo democrático, la mutua desconfianza de los partidos, la hostilidad entre los líderes, la indisciplina de las muchedumbres, la floja disposición del gobierno les permitían sospechar que el pronunciamiento no tropezaría con ningún obstáculo invencible. Los generales se apoyaban en clases sociales poderosísimas -la aristocracia territorial, la Iglesia, la Banca, la alta burguesía y un vasto sector de la clase media- y dispondrían, en el orden militar, calculando razonablemente, de dos terceras partes de la oficialidad del Ejército, de la marina de guerra, de la Guardia Civil, de un par de divisiones marroquíes, del Tercio extranjero, de los fanáticos requetés.
Julio de 1936: Madrid y Barcelona
En posesión de fuerzas tan considerables, no es de extrañar que los generales y los aristócratas dieran por muerta a la República. En treinta días, a lo más -pensaban- el enemigo estará despachado. Dos semanas, quizás, separaban a Franco de Madrid. Su menosprecio del pueblo les indujo a ignorar las formidables energías del proletariado español. El pueblo se alzó en masa contra los facciosos.
El gobierno Giral surgía en puntual coincidencia con el comienzo de la rebelión en la Península. Al quebrar el alba rompían marcha en Barcelona los regimientos desleales sobre una ciudad que parecía reposar confiada, pero que no dormía. El temple moral de las masas, cuyo lema era el animoso y expresivo ¡ 'No pasarán'! pronosticaba el fracaso cierto del alzamiento en Madrid.
El cuartel de la Montaña
Unas escaramuzas, sin rango de novedad, entre las milicias y los fascistas, que disparaban desde azoteas y, al parecer, desde algunas iglesias, anunciaron la ruptura de hostilidades en Madrid. El proletariado asaltó los centros políticos de la reacción y tornó a quemar iglesias y conventos. Por sus especiales características -un vasto caserón de gruesos muros situado en una eminencia y a dos pasos del centro de Madrid-, el 'cuartel de la Montaña', en poder de los insurgentes, podía constituir una amenaza seria para la República.
A mediodía del domingo se había podido congregar en ese cuartel una excitada multitud de oficiales de otros regimientos, aristócratas y jóvenes falangistas. El general Fanjul se hizo esperar y dilapidó un tiempo valioso en discursos. El cuartel estaba ya sitiado. Al finar el domingo, la posición de los sitiados era insostenible. Las milicias se dispararon hacia el cuartel. Los primeros atacantes recibieron el fuego enemigo de cara. Para la masa que los siguió ya no hubo peligro. De los sitiados, pocos escaparon con vida. El general Fanjul fue salvado con dificultad por la oficialidad de Asalto.
El pueblo de Barcelona
En las primeras horas del 19 de julio, los regimientos sublevados en Barcelona abrían fuego sobre las patrullas de Asalto. La Guardia Civil, a las órdenes del general Aranguren, permaneció leal a la República. No pudieron, sin embargo, impedir que el Ejército llegara a la plaza de Cataluña. Convocado por el estruendo y el peligro, el proletariado subía, entre tanto, de la Barceloneta y barrios populosos del puerto hacia la plaza de Cataluña. El heroísmo es tan contagioso como el miedo, y no hay poder humano que resista a una masa popular en vena heroica. En la mañana del lunes, Capitanía sufrió un fuerte bombardeo y fue asaltada por las milicias. Solo restaba ya por sofocar la rebeldía del cuartel de Atarazanas, que pronto se rindió.
Las dos Españas
En cuestión de pocas jornadas España se dividió en territorio faccioso y territorio leal. Dos Españas se odiaban y se batían. Pero no las dos Españas metafísicas: no la España católica y la España liberal. Las 'dos Españas' que se despedazaban eran la enferma y la sana en punto a la estructura de la propiedad y al carácter de la economía. Bajo la República permanecían las dos regiones industriales y mercantiles del Norte; Asturias y la costa vascongada; todo el Oriente, Cataluña abajo, hasta Almería y Málaga, y Madrid, con la Castilla que domina. Por el contrario, los insurgentes se adueñaron de toda la España socialmente enferma: de la Galicia y Castilla minifundistas, de la Andalucía y Extremadura latifundistas.
No es la religión lo que divide ahora a España en absolutista y en republicana, sino las condiciones de vida, cada día más diferentes, de las dos naciones económicas diseñadas. La reacción de cada zona al estallar la guerra civil vino a subrayar la misma incompatibilidad que originó la explosión de 1936.
Intervención extranjera
La sublevación militar estaba vencida y triunfó gracias al favor, en todo linaje de ayudas y socorros, de las grandes potencias fascistas. La intervención italiana comenzó con significativa prontitud. El 30 de julio, cinco aeroplanos militares italianos aparecieron sobre territorio argelino, en vuelo hacia el Marruecos español. No vaciló tampoco el gobierno de Hitler en manifestar sin demora que tenía a la causa de los insurgentes españoles por suya. En las primeras fechas de agosto se unían en el Marruecos español a los aeroplanos militares italianos los potentes Junkers alemanes.
En vano invocaba el gobierno republicano español cerca de los gobiernos de París, Londres y Washington la ley y la razón que le asistían. La Unión Soviética no podía desear el triunfo de los insurgentes. La intervención de los Estados fascistas creó a la Unión Soviética una situación delicada. A fines de 1936, cuando ya había corrido tres meses la intervención alemana, italiana y portuguesa, aparecieron en España los primeros aeroplanos y elementos de combate rusos. Pero la República nunca llegaría a resolver el problema del material de guerra, y esto la aniquiló.
Para Hitler y para Mussolini, la guerra de España era su guerra; para Stalin, no.
Gobierno de Largo Caballero
El ministerio Largo Caballero constituido el 4-IX-1936, significaba un progreso. La dirección de la guerra y la política comenzaban a pasar a manos del gobierno. Nadie disfrutaba entonces mayor autoridad sobre el proletariado que el viejo líder de los sindicatos socialistas. Indalecio Prieto se encargaba de la cartera de Marina y Aire, con medro inmediato para el orden y la disciplina. Don Negrín recibía el embrollado fardo de la Hacienda. El gobierno Largo Caballero inicia la formación del nuevo Ejército republicano, a base de las milicias populares. Crea el cuerpo de Comisarios políticos.
Gobierno Negrín
El nuevo gobierno lo presidía don Negrín, y sobre esta novedad contenía otra, como la de que Indalecio Prieto pasara a regentar el nuevo ministerio de Defensa Nacional. El ministerio Negrín entró en funciones en otro momento crítico para la República. El 5 de abril se encargó Negrín de la cartera de Defensa Nacional. Al frente del gobierno, don Juan Negrín no solo encarnaba, con su realismo, el sentimiento popular, sino que respondía, con los atributos más salientes de su carácter, a las inusitadas exigencias de la hora.
Batallas clave: Teruel y Ebro
Teruel
La ofensiva del Ejército popular sobre Teruel (batalla de Aragón), fue iniciada el 17-XII-1937, en las primeras horas de la tarde, bajo un espantable temporal de hielo y nieve. Cuatro horas duró la operación de aislar a la ciudad. Quince mil soldados rebeldes y 20.000 habitantes quedaron copados. Las tropas republicanas, todas españolas, aguantaron firmemente la contraofensiva. Las tropas rebeldes asediadas dentro de Teruel se rindieron el 7-I-1938, faltas de agua y alimentos. Pero Franco atacaba cada día con más furor. La batalla de Aragón duró seis semanas, hasta el 22 de febrero en que la República abandonó la ciudad.
Ofensiva republicana del Ebro
En la madrugada del 25 de julio pasaban las primeras unidades del ejército republicano el caudaloso río aragonés. La ofensiva cogió desprevenidos a los insurgentes. Los republicanos realizaron prodigios en estas operaciones del Ebro. En pocas jornadas cruzaron el río más de 50.000 hombres, con material, incluidos 200 piezas de artillería. El ejército de la República atestiguó sus excelentes cualidades en una lucha desigual que duró cerca de cuatro meses. El 15 de noviembre pasaron las últimas unidades republicanas a la orilla oriental.
Ofensiva italiana en Cataluña
La campaña del Ebro había engolfado al enemigo durante cuatro meses; pero Franco estaba en condiciones de empalmar una nueva ofensiva. El 23 de diciembre, imponentes bombardeos aéreos y artilleros contra las líneas republicanas preludiaron el gran ataque. Operaban aquí las fuerzas mejor armadas del ejército fascista, los italianos. El enemigo pudo ya desarrollar sus planes tácticos, aunque había batallones republicanos que se batían con insuperable heroísmo. El 26 de enero los insurgentes ocupaban Barcelona y el Ejército republicano se batía en retirada hacia la frontera.
Las unidades italianas constituían el núcleo principal y decisivo del ejército fascista que atacó a Cataluña. Gambara mandaba 40.000 infantes. Las tropas republicanas de Cataluña sumaban unos 120.000 hombres y el número de fusiles que poseían no pasaba de 37.000.
El Éxodo
La pérdida de Cataluña enfrentó al gobierno republicano con una situación pavorosa en la frontera. Pronto se apiñó ante la raya de Francia una multitud inmensa de fugitivos en la que predominaban las mujeres y los niños, muchedumbre extenuada. Miles de ancianos, mujeres y niños pasaron la noche a la intemperie, con un tiempo de helada. El 2 de febrero habría en la región fronteriza unas 45.000 almas pidiendo entrada en Francia. El ejército republicano se fue retirando a Francia y al pisar tierra francesa, eran conducidos a campos de concentración como el de Argelés, una extensión de arena acotada por alambradas con púas. Los españoles recibían trato de prisioneros de guerra.
Consejo de Defensa y fin de la guerra
Ante el golpe de Estado del jefe del Ejército del Centro, el gobierno Negrín se dispuso a salir por los fueros de la ley, pero no tardó en comprobar que su aislamiento era casi absoluto. A la medianoche del 4 de marzo, los españoles oyeron por la radio un manifiesto subversivo del 'Consejo Nacional de Defensa'. Formaron el Consejo el general Miaja, el coronel Casado, Besteiro, entre otros. La junta trataría de eliminar el influjo comunista. Se desencadenó una pequeña guerra civil en Madrid entre comunistas y partidarios del Consejo. El Consejo se impuso al cabo de una semana de sangrientos combates. La junta condenó a muerte a dos jefes militares comunistas: el teniente coronel Eduardo Barceló y el comisario Conesa. Ambos fueron fusilados.
Las negociaciones del Consejo con Franco fracasaron. El Caudillo exigía la rendición incondicional. En la tarde del 27 de marzo los soldados republicanos comenzaron a abandonar los frentes. En la mañana del 29 prácticamente todos los ejércitos republicanos se habían disuelto.
Conclusión: Exterminio y legado
Del campo de concentración de Albatera, a la vuelta de varios meses, fueron saliendo los republicanos para ser procesados y juzgados. En julio de 1939 visitó a España, invitado por Franco, el conde Ciano. En sus papeles diplomáticos escribió: "Todavía hay muchas ejecuciones. Solo en Madrid entre 200 y 250 diarias; en Barcelona, 150; en Sevilla, una ciudad que nunca estuvo en manos de los rojos, 80...". Acusados de rebelión, cientos de miles de españoles están siendo condenados a muerte, cientos de miles a treinta años de presidio. Según Mr. A. V. Phillips, a fines de 1939 cien mil republicanos habían sido ya ejecutados por Franco.
Nubeluz — El pasado siempre tiene nuevas capas.
Fuentes: Ramos-Oliveira, Antonio, Historia de España, Compañía general de ediciones, 1950, México, Tomo III págs. 274-405.
Edición: Historia Universal / Nubeluz.