Retrato de Mijaíl Bakunin

Anarquismo en España

Historia, ideas y luchas del movimiento libertario

El anarquismo español es único en Europa por su arraigo en las masas. Desde la llegada de Fanelli en 1868 hasta la Guerra Civil, esta corriente transformó la lucha social en España, combinando el idealismo bakuninista con la dura realidad del campesinado y el obrero.

Origen

1868 (Fanelli)

Ideólogo clave

Bakunin

Organización cumbre

CNT (1910)

Región clave

Andalucía y Cataluña

Orígenes: La semilla de Bakunin

El anarquismo español remonta sus orígenes a un aristócrata ruso, Mijaíl Bakunin. Hombre de acción, con una comprensión instintiva hacia campesinos y rebeldes, Bakunin fundó su evangelio sobre la libertad absoluta y la destrucción del Estado. A diferencia del marxismo, su mensaje conectó de inmediato con las masas del sur de Europa. En 1864, ya en Nápoles, dio forma a su credo: el colectivismo antiautoritario, que más tarde se llamaría anarquismo. Sus ideas llegaron a España en 1868 de la mano de un ingeniero italiano, Giuseppe Fanelli.

Giuseppe Fanelli en España

En octubre de 1868, Fanelli llegó a Madrid con una carta de presentación. No hablaba español, pero su expresividad cautivó a un grupo de tipógrafos en el Fomento de las Artes. Anselmo Lorenzo recordaba: "Fanelli era un hombre alto, con espesa barba negra y grandes ojos oscuros que centelleaban como el relámpago". En pocas sesiones, dejó los estatutos de la Alianza de la Democracia Social y periódicos suizos. Sin dinero, regresó a Marsella, pero la semilla estaba plantada. En menos de tres meses, sin hablar español, había iniciado un movimiento que perduraría setenta años.

Grupo de fundadores de la Primera Internacional en Madrid

Implantación y desarrollo

El entusiasmo se extendió como reguero de pólvora por Andalucía y Cataluña. En junio de 1870, el primer congreso de la Federación Regional Española de la AIT en Barcelona reunió a 90 delegados. Allí se adoptó el programa bakuninista: acabar con el capital, el Estado y la Iglesia para construir la anarquía. Pronto surgió la división entre "autoritarios" (marxistas) y bakuninistas. La ruptura final llegó en el Congreso de Córdoba (1872), donde nació la Internacional puramente anarquista en España, con células independientes y una "oficina de correspondencia" sin autoridad central. Esta estructura flexible permitió al movimiento resistir décadas de persecución.

La idea federal: Pí y Margall

Francisco Pí y Margall, traductor de Proudhon y presidente de la Primera República (1873), fue el gran teórico del federalismo en España. En su libro La reacción y la revolución (1854) proclamaba: "Todo hombre que tiene poder sobre otro es un tirano". Soñaba con una España de cantones autónomos unidos por pactos voluntarios. Aunque no era anarquista, los libertarios lo consideran un precursor. Su fracaso al frente de la República, desbordado por la guerra carlista y la insurrección cantonal, demostró la dificultad de aplicar el federalismo en un país tan fracturado.

Movimiento cantonalista

En el verano de 1873, mientras Pi y Margall intentaba consolidar la República, ciudades como Málaga, Sevilla, Cartagena y Valencia se declararon "cantones independientes". Inspirados por la Comuna de París, los cantonalistas tomaron el poder local, quemaron iglesias, impusieron contribuciones a los ricos y, en algunos casos, repartieron tierras. El movimiento fue más radical que federalista, pero careció de coordinación. El general Pavía lo sofocó con facilidad. La Internacional apenas participó, salvo en Alcoy, donde una huelga de papeleros terminó en una sangrienta revuelta que aterrorizó a la burguesía.

La Internacional

Tras la represión de 1874, la Internacional se hundió en la clandestinidad. Resurgió en 1881 con la legalización de Sagasta, pero ya sin la fuerza de antes. En Andalucía, mientras tanto, el anarquismo rural crecía en secreto. Los "apóstoles de la idea" recorrían pueblos predicando la libertad y la igualdad. La represión, sin embargo, era feroz. El caso de La Mano Negra (1883) —una supuesta sociedad secreta andaluza— sirvió de excusa para torturar y ejecutar a decenas de campesinos, aunque nunca se probó su existencia. El miedo de las clases medias al fantasma anarquista era ya imparable.

El anarquismo en Andalucía

Andalucía fue el corazón del anarquismo rural. En cortijos y aldeas, los jornaleros, famélicos y explotados, escuchaban embelesados a los apóstoles que hablaban de reparto de tierras y de un mundo sin amos ni curas. Se crearon escuelas nocturnas, se promovía el vegetarianismo y el odio a la Guardia Civil. Pero también había un fuerte milenarismo: cada huelga o revuelta se vivía como el preludio de la nueva era. Tras los sucesos de Jerez (1891) —donde 4.000 campesinos tomaron la ciudad—, la represión fue brutal. La "propaganda por el hecho" y las bombas en Barcelona (como la del Liceo, 1893) marcaron una época oscura de terrorismo y torturas en Montjuich.

Colectivismo y anarquismo

A finales del siglo XIX, el movimiento debatió su futuro: ¿colectivismo (propiedad común pero salario según trabajo) o comunismo libertario (cada cual según su necesidad)? La disputa dividió a la Federación, que se disolvió en 1888. Sin embargo, el anarquismo sobrevivió en pequeños grupos. Hacia 1900, la influencia del sindicalismo renovó las ideas: la huelga general y la educación (como la Escuela Moderna de Ferrer Guardia) ganaron terreno. En 1910 nació la CNT, que llevaría el anarquismo a su máxima expresión, con más de un millón de afiliados y un papel central en la Guerra Civil. La semilla de Bakunin, plantada por Fanelli, había dado su fruto más grande.

Nubeluz — El pasado siempre tiene nuevas capas.

Fuentes: Brenan, Gerald. El laberinto español. Ed. Ruedo Ibérico, 1962.

Edición: Historia Universal / Nubeluz.