Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando

La Unificación de España

De los Reyes Católicos a Felipe V (1469-1716)

Análisis del proceso centralizador: la monarquía absoluta, las tensiones forales, el proyecto de Olivares y los Decretos de Nueva Planta que configuraron el Estado español.

Matrimonio

1469, Valladolid

Unión dinástica

Castilla y Aragón

Nueva Planta

1707-1716

Centralización

Monarquía absoluta

Reyes Católicos

Conformada España moral, política y económicamente por el largo y violento proceso medieval que le impuso la Reconquista, desembocó en el Renacimiento dividida en cinco estados: Aragón, Castilla, Navarra, Portugal y el reino moro de Granada. Cada uno se regía por instituciones soberanas particulares; y el de Aragón comprendía tres pueblos, con sus Cortes aragonesas, catalanas y valencianas. Sin embargo, en todas las regiones latía en el s. XV un sentimiento favorable a la centralización y a la unificación estatal de la Península.

Cuando Fernando el Católico modificó la constitución política de Barcelona, los concelleres no hallaron asistencia en la opinión pública para resistir al príncipe: en 1490 quisieron adoptar medidas para contener la amenaza, pero la mayoría mostró gran frialdad en la defensa de los fueros municipales. La monarquía absoluta se había ido afirmando desde el siglo XIII en virtud de la resurrección del derecho romano, y la unidad de España era una exigencia del tiempo.

Isabel representó los ideales medievales con un leve tinte humanista. Antes que Felipe II fue Isabel quien pronunció, ante la cuestión religiosa: «aunque se pierdan los Estados», fórmula impolítica que jamás hubiera usado Fernando. La unificación realizada por los Reyes Católicos ahorró probablemente a España el trágico destino a que la desunión política condenó entonces a otros pueblos.

Carlos I y Felipe II

No ofrece duda de que los Reyes Católicos salvaron a España para que pudiera tirar otros tres siglos más. La suposición de que en el s. XVI se inserta un elemento extraño que corta el normal desenvolvimiento del ser español no se sostiene. Con su política cesarista dentro de España, Carlos V continuó la obra de los Reyes Católicos. Y Felipe II desarrolló la política de su padre y de sus abuelos, incluso en la cuestión protestante. Los treinta y tantos años de reinado de Carlos V fueron años perdidos para España, dado que estuvo ausente casi veintitrés años. La unificación orgánica avanzó poco.

Felipe II, rey de todos los españoles

Portugal debía la afirmación de su independencia al fenómeno internacional del "balance of power". En 1580 estaba España en la altura meridiana de su poderío. La monarquía española era la más poderosa del orbe. Portugal aceptó a Felipe II como rey en las Cortes de Thomar (abril de 1581). Ni el derecho indiscutible de Felipe II ni la peripecia militar explican la unión, que solo por causas más hondas pudo lograrse y mantenerse durante sesenta años.

La castellanización de Cataluña

Cataluña se castellanizó por la incontenible presión moral del Estado y el idioma nacional español. A ello se aliaron el descubrimiento de América, las conquistas turcas, la piratería y la cuestión religiosa. Estos accidentes asestaron a Cataluña el golpe que impuso su decadencia y casi borró su personalidad. El lenguaje que se extendía era el español, elaborado sobre el dialecto castellano por los hombres más cultos de todas las regiones españolas. Cataluña contribuyó, como las otras regiones, a formar la lengua nacional.

Olivares y la unidad nacional

En ausencia de solidaridad entre los pueblos, la rápida crisis del poder español planteó el problema de la unidad efectiva. El conde-duque de Olivares percibió mejor que nadie los desastrosos resultados del mutuo apartamiento. Su ideal era fundir las naciones de la Península en una gran comunidad española. En 1621 propuso multiplicar las relaciones entre los pueblos, mezclar catalanes, castellanos y portugueses en las funciones del Estado. Pero la monarquía carecía ya de fuerza moral y material para acentuar la centralización.

Sublevación en Cataluña y Portugal

La rebelión de Cataluña en 1640 y la guerra civil de doce años tuvo por causa inmediata la ineptitud y la intemperancia del gobierno central. Los campesinos catalanes se alzaron al grito de "¡Visca 'l rei i muyra lo mal govern!" No fue un movimiento separatista, sino una reacción contra el desgobierno. En Portugal, el impulso separatista era más profundo, contaba con una dinastía propia y ayuda extranjera. El conde-duque de Olivares fue el principal responsable de la pérdida de la corona portuguesa.

Guerra Sucesión. Felipe V

Felipe V llevó a la práctica los designios del conde-duque de Olivares en 1707-1716. Cataluña, Aragón y Valencia respaldaron al candidato austriaco; Castilla luchó por el francés. Tras la victoria borbónica, los Decretos de Nueva Planta (1707-1716) suprimieron los privilegios de Aragón, Valencia y Cataluña, pero conservaron el derecho civil y mercantil catalán. La autonomía política desapareció, mas no la cultural. Felipe V levantó el veto al comercio con América y sentó las bases de la Cataluña burguesa moderna.

Nubeluz — El pasado siempre tiene nuevas capas.

Fuentes: Ramos-Oliveira, Antonio, Historia de España, 1950; Altamira; Ocaña Jiménez.

Edición: Historia Universal / Nubeluz.